Huérfana de toda orfandad
Cuanta fragilidad
en el hacer...
Podemos convertir una mentira en una
realidad...
O una realidad en una miserable
mentira.
Opacando las luces de la realidad escupiendo al cielo de la dignidad sin remordimiento alguno...
La desidia camina cómoda por las
calles, despojada de vergüenza.
Las verdades se inquietan como
sucesos inconclusos de una película muda en blanco y negro...
Sigo escribiendo porque la impotencia
me estruja el estómago... Porque hablamos mil idiomas sin entendernos, sin
querer entendernos.
Sigo escribiendo, porque me escucho en silencio y los ecos del tiempo agitan las palabras y me niego a escribir esos sustantivos impronunciables para describir la realidad que arremete con violencia en nuestras vidas.
Sigo escribiendo porque cada frase es
una partícula de mi existencia tallada como huella en el firmamento.
Porque el corazón me late tan rápido que no me da tiempo a comprender la muerte sin piedad, el fuego del odio maldito, no me da tiempo a recorrer el laberinto de las muertes inocentes, los huérfanos, huérfanos de toda orfandad…
Sigo escribiendo.
Mis dedos golpean las teclas con rabia e impotencia, en protesta, intentando que se escuche por los parlantes del universo… Que se escuche en los confines de los mares… En las profundas aguas de la verdad y la justicia en un grito... ¡¡Hasta aquí..!
SIGO ESCRIBIENDO… SIGO ESCRIBIENDO
Necesitamos saber de qué manera podemos ser escuchadas,
no asesinadas…
Cómo no ser muertas dos veces por el
hombre y por la justicia…
Sigo escribiendo… sigo escribiendo…
Angie García. Voces de mi Tierra
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